Wednesday, March 27, 2013

Rojo ser

Hasta la cumbre, y voy hasta donde estás; descalzo, hambriento y con ojeras dolientes, pensando que con ésto que tengo, con este extenuante sentimiento nuevo -que más que nuevo es viejo y decrépito-, y que lo único nuevo es mi maldita conciencia. Pensando que con ésto que llevo, que más que llevar, es algo que me entona; me entona y me modula hasta la corteza, y por más idiotas que sean estas palabras, ahora con espinas en mis pies y garganta; lo único que siempre he llevado conmigo, más allá de mí mismo y de estos cueros sucios -cueros amañados e insensatos-, eres tú, entre un sutil olor a libros polvorientos, desde luego, perteneciendo a un ser alejado. Y con un café no basta; solo, dibujándote los rasgos, tampoco basta que éste lápiz carezca de punta fina, sin poder navegar por tus lineas fantasmagóricas. Y cómo acuñarte en esta pieza si ya no te recuerdo, y cómo confesarte que te podría delinear toda, por dentro; sacarme estos remolinos rojizos semejantes al valle Dómuné; desde la cabeza, sacarme estos trapos, estas letras, piel que brota y estalla, y comunicarte, que aunque ya hayas marchado, te lo escribiré: un rojo ser, tan sólo un rojo ser.

Saturday, March 16, 2013

Te pensé

De hecho, además de los miércoles y viernes, hoy también te pensé. Te pensé, entre humo y pisadas en barro húmedo. Quizás un poco más en periodos de sensibilidad musical, y, del entorno medio primaveral, percibo sonidos poco usuales que se sincronizan contigo; con el pensamiento por ti. Tal vez se establezca una dimensión paralela, o tal vez haya algún contacto sináptico; entonces es bello saber que la melodía más hermosa te acaricia el rostro, en mi mente, en mi cerebro. Te pensé, acaso con menos frecuencia, pero me hizo bien, muy bien.

Sunday, March 3, 2013

Alborozo

Es el final de las letras, de las palabras y respiros; el último rodeo de las últimas palabras de un libro, y te aferras al olor, como al color amarillento y tenue -te aferras a tus memorias para que nunca calle, para que nunca se aleje. Y vuelve a correr el segundo que despide risas de nostalgia, es como para caer al vacío. Reconozco que se acerca -tus humanas manos en mis mejillas de exiliado ya me tocan la conciencia-. Por unas cuantas horas me entristece, luego, cuando parto, evito existir en lo más mínimo, ya que sé -sé muy bien- que en la distancia serán susurros míos, tan sólo míos -los que calle-, por los cuales aguardé y cobijé; por los cuales mimaré en la noche, en el día y mientras te siento en mis huesos de viento escalofriante y veloz. Serán míos, y lo único que me espera es cazarte en el aire húmedo del recuerdo. Qué bonito se sentirá.